
Leo y su hermana Brisa eran inseparables. Un día, él tuvo que marcharse a navegar. Antes de irse le dió a Brisa un dragoncito de madera, pero ella estaba tan triste que ni reparó en él. Solo añoraba a su hermano y sufría por las hojas del otoño que él siempre recogía. Casi mágicamente, el pequeño dragón consiguió devolverle la alegría.
Editorial Kókinos
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